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Rolling Stones, Queen, U2, Guns N' Roses, Revolver, La Oreja de Van Gogh, Eric Clapton,
Canción favorita: Can���t Help Falling In Love (Elvis Presley) Layla (Erc Clapton)
Disco favorito: Basico "
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Leyendas de Pasion, El Senor de los Anillos, Star Trek, El padrino, El silencion de los corderos, Seven... y muchas mas
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House,CSI, Star Trek la nueva generacion,
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Shibumi, El Padrino, El Clan del Oso Cavernario, El Senor de los Anillos, Los Pilares de la Tierra, Un Lugar Llamado libertar, El Medico, Las mil y una noche
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Favorite Quote
Vivir no es solo existir, / sino existir y crear, / saber gozar y sufrir / y no dormir sin sonar. / Descansar, es empezar a morir. (Gregorio Maranon)
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Journal

Una vez anotada la bella historia de Titania y Oberón en mi diario, me dirigí hasta la posada al encuentro de mis dos compañeros, Mario y Ramón.
Según me acercaba, pude observar cierto revuelo entre las gentes del lugar; había una considerable cantidad de guardias armados, la gran mayoría a pie. Tan solo había uno montado a caballo y cuatro monturas sin jinete. Entré en la posada y encontré a mis amigos sentados en compañía de un hombre de armas por cuyo atuendo supuse alguien importante.
No tardé en confirmarlo; Ramón me explicó que mi amigo el Jeque había tenido la amabilidad de hablar con un amigo suyo, Hiroshi (que significa generoso), un Señor de estas tierras niponas que nos daría alojamiento y protección durante nuestra permanencia en su bello país. El joven emisario de elegantes vestiduras se apresuró a pedir disculpas en nombre de su señor, pues era una costumbre de su casa celebrar el día de juego, y nada en el mundo haría que su señor faltara a la palabra dada por su antepasado. Me incliné aceptando las disculpas, y junto con mis compañeros de viaje, me dispuse a partir hacia las tierras de nuestro nuevo anfitrión.
En cualquier otro lugar, hubiesen resultado poco corrientes aquellas costumbres llenas de protocolo y respeto que aquellas gentes se profesaban. En mi mente rondaban aún las extrañas palabras de nuestro emisario. El día de juego… Había despertado mi curiosidad, pero como siempre, me alié con la paciencia hasta que aquella fuera saciada.
Llegamos a la falda de una pequeña montaña rodeada de un doble muro de piedra. Bien guarnecida al otro lado se alzaba la fortaleza del señor de aquellas tierras. En el interior del segundo muro se levantaba la aldea, llena de vida y de gentes atareadas con sus cotidianos menesteres. Se respiraba armonía y equilibro en aquel lugar; nada estaba fuera de sitio, como si hasta el más irrelevante detalle tuviese un propósito y un fin. El canto del riachuelo, el soplo del viento atravesando las grietas de las ventanas, todo cuidadosamente diseñado para que invadiese una insólita sensación de bienestar. Era sencillo sentirse cómodo y protegido dentro de aquellos muros.
Una vez en las puertas del pequeño palacete, nos invitaron a entrar hasta una especie de salón. Sutilmente, nos indicaron que debíamos descalzarnos. Poco después nos condujeron hacia un cuarto donde estaban preparadas unas grandes bañeras de agua caliente. Me sorprendieron el sigilo, la naturalidad y la eficiencia con la que nos despojaron de la ropa. Apenas reparamos, no sin cierto pudor, de que eran mujeres las que nos atendían con tal maestría y dedicación.
En todo momento nos acompañaba Sadayo, nombre por el que respondía el joven emisario. Nos indicó la forma de meternos en las enormes tinas de agua que hacían las veces de bañeras; debíamos hacerlo muy despacio para no quemarnos, y una vez dentro, sin apenas movernos, dejar que nuestros cuerpos se relajaran y renovasen nuestras fuerzas con el calor del agua y el aroma de las hierbas que hervían en una tetera.
Al cabo de un tiempo, me desperté de un ligero sueño dentro de la tina. Un leve movimiento en el agua había llamado mi atención. Acababa de entrar en la estancia un hombre de porte sereno y mirada penetrante que nos observó con curiosidad. A su alrededor, una nube de mujeres -que después supe llamaban geishas- revoloteaba a su alrededor colmándole de atenciones para que tomara su baño.
Una vez acomodado, nos saludó con una leve reverencia de su cabeza y después cerró sus ojos disfrutando del baño sin duda como nosotros. Unos minutos después dedicó una mirada pausada a cada uno de mis compañeros, hasta que sus ojos finalmente se posaron en mí. Comentó que su amigo el Jeque no se había equivocado en nada al describirnos. Nos dio la bienvenida y expresó su deseo de conocer nuestra historia en una conversación después del baño, tomando una taza de té.
Nuestras ropas no estaban en su sitio, de modo que nos pusimos las que nos dejaron en su lugar. En realidad, nos vistieron las mismas solícitas mujeres de manos suaves y mirada huidiza que pululaban a nuestro alrededor. Antes casi de acertar a reaccionar, nos encontrábamos completamente vestidos, y tuvimos que reprimir las carcajadas que asomaban a nuestras gargantas cuando nos observamos unos a otros, pues aquellos ropajes tan poco convencionales nos daban un aspecto excéntrico a nuestros ojos. Después del primer impacto, Sadayo, el joven emisario, divertido por nuestro desconcierto y con una sonrisa en los labios, nos pidió que le siguiéramos hasta la sala de té, donde su señor nos estaba esperando.
Entramos en una sala de tamaño medio, ventilada por el viento del norte. En el centro de la habitación había una mesa baja con todo dispuesto para tomar la infusión de hierbas aromáticas a las que llamaban té. Hiroshi estaba aguardándonos, y con un leve movimiento de cabeza, nos indicó que nos sentáramos frente a él. No mediamos palabra hasta que las mujeres dejaron todo dispuesto y se retiraron silenciosamente. Nuestro anfitrión dijo que llevaba días esperando nuestra llegada. Nuestro amigo común, el Jeque, le había relatado brevemente nuestra historia y mi costumbre de anotar los cuentos y leyendas que escuchaba a lo largo de mi viaje. Comento que estaba muy interesado en escucharlas, pues desde que era sólo un niño, había amado la costumbre de su abuelo de narrarle bellas historias, y desde entonces no había repetido aquel placer.
Después de ponerle en antecedentes de todo lo acontecido, el silencio invadió la estancia. Hiroshi, con la mirada perdida en algún remoto lugar de su memoria, comenzó a hablar:
“Hace muchos años me ocurrió algo que, acaso por mi juventud, escapó de mi entendimiento. Mi abuelo me contó una bella historia que me gustaría compartir contigo y tus compañeros, Racsol de Tulohan, en gratitud a vuestra conversación, que soy capaz de reproducir aquí con absoluta exactitud, tal como él lo hacía conmigo. Creo que tu cuaderno de notas y tus bellas palabras harán honor a ella:
Termina de leerlo en: Racsol de Tulohan: www.dream-racsol.blogspot.com
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